COMO PUEDE SER QUE NADA TE CONMUEVA, COMO PUEDE SER QUE NO ME EXTRAÑES?

 

SERIE

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¿Cómo puede ser

que nada te conmueva,

cómo puede ser

que no me extrañes?

 

Instalación, vestidos,

foto performance.

 

año: 2001

Sigo siendo niña, la vida me desconcierta. Parece que nací sabia y me he vuelto romántica. Que me encuentro en el pináculo lírico y pasional de mi vida, que solo lo absoluto ( ) me satisface, que rechazo fragmentos, juegos, diversiones, bocados. No lo se…

 

Anais Nin

 

 

Una tela que me sumerja y

me entregue, una tela que

me transporte.

Ponerme un vestido para

quedarme con un pedazo de

algo que yo se que esta

perdido pero que llevamos

todos para siempre, como

nuestro mayor tesoro.

Enfrenarnos ahora con

nosotros mismo, en un

mundo de adultos en el

que seguramente estamos

mas solos, a ese mundo es

al que hay que enfrentarse.

 

Gisele

 

 

Vestir es cubrir pudores impúdicamente descubiertos en éstos vestidos.

Vestidos de niña en tamaño de adulto.

Vestidos inocentes atravesados por frases de quien perdió la inocencia.

Estos son los elementos que componen la obra, configuran un cuadro mirado desde arriba, una infancia que se añora, infancia que se recrea y en ese mismo acto denota su imposibilidad.

Es una soledad acompañada de emblemas protectores del pasado, como forma de negar la certeza de saberlos vulnerables.

Son vestidos que, a nosotros espectadores, nos abre un camino a la infancia sin dejar nuestro ropaje de adultos.

Son en este sentido una mágica posibilidad teñida de interdicción, dialéctica que acompaña al ser en lo que tiene de humano en tanto vivimos buscando lo que se ha perdido.

 

Natalia M. Frisz

 

 

               Recuerdos de la infancia es una muestra que convoca a

               dos artistas argentinos jóvenes, Giselle Bliman de

               Tucumán y Nicolás Trombetta de Buenos Aires, que han

               desarrollado su obra en torno a su memoria.

               Giselle Bliman presenta una instalación compuesta por

               cinco vestidos y cinco paneles con secuencias de

               fotografías color, que documenta su acción. Ella vuelve

               a sus vestidos  de niña, aquellos que usaba  para los

               cumpleaños o para una fiesta especial, esos que quedan

               grabados en la memoria como pequeños tesoros, como el

               vestido de la princesa para la fiesta de gala. Los que

               traen acarreados miles de sueños de felicidad y amores

               platónicos.

               Cuantas cosas habrá imaginado Giselle cuando usaba esos

               vestidos, en verano y en invierno.

               Pero el tiempo hace que vuelva a ellos para utilizarlos como soporte de su obra, quizás porque la vida le ha ido mostrando, que todos los sueños y las cosas que imaginamos de pequeñas, no siempre se cumplen, es por eso que ella necesita volver a vestir esos vestidos, tal como cuando era niña, pero esta vez para dejar en ellos la impronta de su experiencias, de sus desengaños de amor, de sus desilusiones.

Borda con mucha paciencia, como si lo hiciera sobre su infancia, sus vivencias nuevas, juntando de esta manera su pasado y su presente, a través de los vestidos. Luego de bordarlos ella misma, se los pone, como si al meterse dentro de ellos, pudiera pasar por un túnel del tiempo y volver a ser pequeña, y una vez allí adentro confrontar el pasado con el tiempo real.

Todo este proceso en que Giselle vuelve  a vestir su infancia, lo vemos documentado a través de fotografías, son distintas tomas secuencias de la acción del paso del tiempo. Así queda conformada su instalación, la presencia de vestidos de su infancia, actualmente ausentes de cuerpos, la fotografía casi como un proceso mágico, donde Giselle vuelve a tener ocho años.

 

Cecilia Garabaglia

 

 

Imagino a Gisele Bliman revolviendo los viejos baúles, descubriendo los vestidos de su infancia bajo una expectante curiosidad, siguiendo sus costuras, sorprendida al encontrar una pequeña tumescencia entre los pliegues de esos vestidos todavía móvil, imaginando cómo se vería ahora en ellos. Y también los imagino queriendo atravesar estos objetos, dejarlos de lado.

Cuanto más experimento la especificidad de mi deseo, menos lo puedo nombrar. Podría decir Bliman junto a Barthes. Y entonces se le impone reconstruir vestidos: los deshace, los hace, los traduce fielmente a su cuerpo actual y allí se para, de ellos se enfunda, similares a un vaciado todavía referido a su molde: el cuerpo de su infancia. Bajo este arrebato pasa de ser mujer portadora a niña portada. Y sobre este intercambio sufre un resto, se recorta a sí misma a través de una superficie arrugada y dislocada, trabajada en su mirada como membrana de un espectro: el registro de sus fotos los señalan. Es así como, en la armadura de sus volados, bajo la densidad escueta y vaciada de uno de sus bolsillos cosidos sobre el volumen  del “ futuro” de su pecho, algo queda suspendido. Algo pasa. Y entonces un descubrimiento: el cuerpo infantil, tanto de Bliman como el de cualquiera, siempre será de alguna manera inocuo a los descubrimientos, siempre estará lejos de ser desnudo sin sus ropas puestas, antes que el cuerpo crecido, manifiesto, pase inevitablemente, a estar vestido, colmado de señuelos adecuados para el aplazamiento sostenido de su desnudez. De aquí que los vestidos de Bliman pueden describirse como la elusión de una forma, como un trabajo dirigido no tanto a crear algo como a envolver una superficie pregnante: la de su piel.

La serie de fotos presentadas en la muestra, están allí para confundir el sentido de esa piel, de modo que la potencia  de su cuerpo y de lo que se supondrá por debajo de la tela, quede inconvenientemente suspendido del carácter infantil de la misma tela: el momento seminal en que el deseo aplaza, recubre la fuerza desnuda.

Al reconstruir esos vestidos sobre su figura actual, lo que hace es refigurarse a sí misma, excluirse aunque sea por un instante de la unidad constituida por la mirada de los otros, para perderse en los temblores visuales recompuestos en las insinuaciones de sus vestidos, que de uno en otro descubren lo que es propio de su imagen; como si un cuerpo abandonado oscilara rítmicamente en la mirada de Bliman, y de este modo se volviese réplica del candor que lo agitada haciendo los signos de un médium fantasmal. Así, esos objetos  a los cuáles llamaré vestidos terminarán por ser una pared, un plano abierto y repetido, liso y plegado, semejante a sudarios desdramatizados, sobre los que a manera de proyector los ojos de Bliman crearán un lugar para guiar su desnudez: un faldón de vestido, un estuche íntimo sin las pompas de la reliquia, dedicado a conmemorar un cuerpo querido, o mejor dicho, el querer de un cuerpo.

En el juego de esa traducción, mientras desarma su novedad configuraciónal en los vaivenes de una aguja que cose y recuerda, juega también a nombrar lo perdido, a reiterar por la escritura lo que su vida tiene como pantalla. A partir del tiempo sostenido para trabajarla, para calar en una los relieves que antes no había. Bliman va bordado las palabras dirigidas a activar las coordenadas de lo que su cuerpo fue condensando: las formaciones de su desnudez y todas las convenciones que la asisten. En tales circunstancias, esas palabras o frases, son bordadas en la convexidad de unos vestidos semejantes a cámaras resonantes, en las que todo lo que hay para leer se frustra desconfiando de la omnipotencia de la figura-como si esas frases fuesen un recodo en el que permanece bajo evocación lo mas vivo de unas prendas colgadas, a las que se les ha quitado lo principal.

 

Fragmentos de texto escrito por Diego Jaroslasky

¿COMO PUEDE SER QUE NADA TE CONMUEVA...